A orillas del río Támesis, en el suroeste de Londres, se alza Strawberry Hill House, un deslumbrante castillo blanco que parece sacado de un cuento de hadas… o de una novela gótica. Considerada el primer y más influyente ejemplo de arquitectura neogótica en Gran Bretaña, esta joya histórica combina elegancia, fantasía y una pizca de misterio.
Diseñada y construida por el escritor y político Horace Walpole entre 1749 y 1776, la casa materializa su visión de un “pequeño castillo gótico”, con torres, pináculos y ventanales ojivales que marcaron el inicio de un movimiento arquitectónico que se extendería por toda Europa.
Más que una residencia, Strawberry Hill fue un manifiesto estético: su mezcla de romanticismo, melancolía y teatralidad influyó tanto en la arquitectura como en la literatura.
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Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveMONEY.
La popularidad de Strawberry Hill House fue decisiva para el auge de la arquitectura neogótica, un estilo que se desarrolló entre los siglos XVIII y XIX inspirado en las grandes catedrales y castillos medievales de Europa.
También conocido como gótico victoriano o neogótico, el movimiento surgió como una reacción frente al racionalismo del neoclasicismo dominante en la época, reivindicando la emoción, el romanticismo y la espiritualidad del pasado medieval.
La influencia de Strawberry Hill fue enorme: inspiró numerosas imitaciones góticas, entre ellas el Palacio de Westminster diseñado por Augustus Pugin en Londres, y dio origen al término “gótico Strawberry Hill”, empleado para describir edificios de estilo similar.
Strawberry Hill House es también el lugar donde nació la novela gótica. Inspirado por una pesadilla que tuvo mientras vivía allí, Horace Walpole escribió El castillo de Otranto (The Castle of Otranto, 1764), considerada por muchos la primera obra del género.
Con sus arcos apuntados, torres, almenas y vidrieras, la villa ofrecía el escenario perfecto de mansión medieval encantada que pronto se convertiría en el sello distintivo de la novela gótica.
El éxito de esta obra fundacional inspiró a numerosos autores, entre ellos Bram Stoker —Drácula (Dracula, 1897)—, Mary Shelley —Frankenstein o el moderno Prometeo (Frankenstein; or, The Modern Prometheus, 1818)— y Edgar Allan Poe, maestro del relato de terror.
Horace Walpole, hijo menor de sir Robert Walpole —considerado el primer ministro británico de la historia—, nació en 1717 y se convirtió en una figura clave de la sociedad, la literatura, el arte y la arquitectura del siglo XVIII.
Educado en el prestigioso Eton College —uno de los internados más exclusivos y antiguos del Reino Unido, reservado históricamente a la élite británica— y en el King’s College de la Universidad de Cambridge —una de las instituciones más prestigiosas del mundo—, realizó entre 1739 y 1741 el tradicional Grand Tour, el viaje de formación por Francia e Italia que emprendían los jóvenes aristócratas británicos. Esta experiencia influiría profundamente en el diseño de Strawberry Hill House.
Miembro del Parlamento por el partido whig —una antigua formación política liberal que defendía el poder del Parlamento frente a la monarquía— durante 27 años, fue un prolífico escritor y dejó una vasta producción, entre ella unas 7.000 cartas y el volumen A Description of the Villa of Horace Walpole (Descripción de la villa de Horace Walpole).
No es difícil entender por qué Walpole se sintió atraído por este pintoresco enclave junto al río Támesis —visible aquí en una acuarela del siglo XVIII del artista británico Paul Sandby, conocido por sus paisajes—.
En aquella época, Horace, con 29 años, soñaba con crear su propia finca rural, y en 1747 adquirió Chopp’d Straw Hall, uno de los últimos terrenos disponibles junto al río en la elegante localidad de Twickenham —actualmente parte del suroeste de Londres—.
Su propósito era transformar lo que entonces eran un par de cabañas en su visión de un “pequeño castillo gótico”, con pináculos, almenas y una torre redonda. Así nació Strawberry Hill House, una de las residencias más influyentes de la historia arquitectónica británica.
Con el paso de los años, Walpole fue ampliando la casa hasta duplicar su tamaño, añadiendo claustros, frontones, torres, ventanas con forma de trébol de cuatro hojas y almenas. El resultado fue un conjunto asimétrico y encantador que evocaba deliberadamente la estructura de un castillo medieval.
No trabajó solo: junto a sus amigos, el arquitecto y anticuario John Chute —experto en arte y antigüedades medievales— y el diseñador Richard Bentley, formó el llamado “Comité del gusto”, que supervisó el diseño y la decoración de la casa y ayudó a consolidar el estilo arquitectónico neogótico en Gran Bretaña.
Echemos un vistazo más de cerca…
Lo esencial en la “casa de las maravillas” de Walpole era el ambiente. Quería que su villa de verano diera la sensación de haber existido desde siempre, como si hubiera crecido orgánicamente con el paso de los siglos.
Su intención era que los invitados recorrieran las estancias pasando de la penumbra a la luz, experimentando lo que él llamó gloomth —una palabra que inventó combinando gloom (“oscuridad”) y warmth (“calidez”) para describir la atmósfera única de su mansión neogótica—.
En la imagen se aprecia el sombrío vestíbulo de entrada y la escalera principal, iluminados por claraboyas y una solitaria linterna suspendida. Los intrincados motivos de las paredes parecen tallados, pero en realidad son una ilusión óptica realizada en estuco, inspirada en la tumba del príncipe Arturo —hijo mayor de Enrique VII— en la catedral de Worcester.
La primera sala que encuentran los visitantes hoy en día es el gran salón, situado en la parte más antigua de la casa, en la colina Chopp'd Straw Hill original. Pintada en un impresionante azul claro, se utilizaba para recibir a los invitados y cuenta con pinturas de las sobrinas de Walpole y otros miembros de la familia.
Los muebles de la sala son réplicas. Las sillas, diseñadas por Walpole, son copias exactas de las originales, que ahora se conservan en el Victoria and Albert Museum de Londres, y los sofás fueron cuidadosamente fabricados por los estudiantes del London Metropolitan Museum basándose en una pintura del siglo XVIII.
Construida en 1754, la biblioteca neogótica de Walpole refleja su pasión por la literatura y el arte, y llegó a albergar una impresionante colección de unos 7.000 libros y manuscritos.
Las estanterías y la chimenea fueron diseñadas por John Chute, inspirándose en elementos de la catedral de San Pablo de Londres y en las tumbas medievales de la abadía de Westminster y la catedral de Canterbury —algunos de los templos más emblemáticos del país—.
Considerada por los historiadores del arte como la primera biblioteca neogótica de Gran Bretaña, su techo está adornado con emblemas heráldicos, criaturas mitológicas, escudos de armas y figuras de cruzados, símbolos que reflejan el amor de Walpole por la historia y la arquitectura medievales.
Con su techo abovedado, sus doseles dorados y sus paredes revestidas de damasco carmesí, la galería es la auténtica joya de la corona de Strawberry Hill House. Construida entre 1760 y 1763, esta sala servía para recibir y entretener a los distinguidos invitados de Walpole y para exhibir su valiosa colección de arte.
Es la estancia más grande de la casa —con unos 17 metros de largo—, y su espectacular techo de papel maché decorado con pan de oro se inspiró en la capilla de Enrique VII de la Abadía de Westminster —una de las obras maestras del gótico inglés—.
El uso arquitectónico del papel maché alcanzó su apogeo en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, y aquí se empleó con un efecto sorprendente: una sala de estado luminosa y teatral que el poeta Thomas Gray describió como “...todo gótico, oro, carmesí y espejos”.
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Junto a la galería se encuentra La Tribuna —que lleva un nombre inspirado en la sala del Palacio Uffizi de Florencia donde se guardaban las obras maestras de su colección—. La pieza central era un armario de palisandro con miniaturas, que hoy forma parte de la colección del Victoria and Albert Museum de Londres.
Aquí Walpole reunía sus tesoros más preciados: pequeñas obras de arte, medallas y esmaltes, entre ellos una célebre escultura en miniatura de bronce de la Venus de Medici, posteriormente sustituida por copias.
Creada en 1761, la estancia presenta paredes decoradas con motivos dorados y un techo inspirado en la sala capitular de la catedral de York del siglo XIII. Una estrella central en la alfombra reproduce la forma de la estrella de cristal amarillo del techo, que proyecta un resplandor dorado por toda la sala.
Además de su amplia colección de libros, manuscritos y obras de arte, Walpole sentía fascinación por las reliquias y los objetos curiosos. Strawberry Hill House pronto se transformó en un auténtico gabinete de maravillas —unos espacios muy populares entre los coleccionistas del siglo XVIII, donde se reunían piezas insólitas, históricas o exóticas—.
Entre sus tesoros figuraban los guantes del rey Jacobo I, el sombrero del cardenal Wolsey, un mechón de cabello de Eduardo IV —“cortado de su cadáver en la capilla de San Jorge, en el Castillo de Windsor”— y un reloj de latón ornamentado que Enrique VIII regaló a Ana Bolena el día de su boda —pieza que hoy forma parte de la Colección Real Británica—.
Walpole, que tenía un gran sentido del humor, solía sorprender a sus invitados: en una ocasión llevó una corbata tallada en madera de tilo —visible en la imagen—, obra del maestro ebanista Grinling Gibbons, haciéndola pasar por un delicado encaje veneciano.
Esta es la sala redonda, situada al final de la galería, dentro de la torre. La estancia conserva su revestimiento original de seda damasco carmesí, cornisas ornamentadas y un techo dorado —rasgos característicos del lujo y la teatralidad del estilo neogótico de Walpole—.
Aunque en un principio fue concebida como dormitorio, pronto se convirtió en una extensión de la galería principal y destaca por su impresionante vidriera, decorada con escudos heráldicos y retratos de grandes monarcas.
En la actualidad, la sala alberga un par de tazas de coco —muy valoradas en el siglo XVIII como piezas de colección— que formaban parte del gabinete original de curiosidades de Walpole.
Esta chimenea fue diseñada por el célebre arquitecto Robert Adam —una de las figuras más influyentes del neoclasicismo británico del siglo XVIII— y se dice que se inspiró en la tumba de Eduardo el Confesor, situada en la Abadía de Westminster. Está realizada en mármol de Carrara, con incrustaciones de yeso fino para imitar otras piedras de colores.
Su precio fue de 288 libras, una suma extraordinaria para la época —equivalente hoy a algo más de 77.000 dólares (70.642 euros)—, lo que la convierte en el elemento decorativo más caro de la casa.
Sobre ella se encuentra un retrato de las hermanas Percy, pintado por Anthony van Dyck —uno de los grandes maestros del retrato barroco flamenco—, cedido en préstamo a largo plazo a Strawberry Hill House.
Pintada en un tono púrpura real, la cámara Holbein es un homenaje a la fascinación de Walpole por el rey Enrique VIII. A lo largo de la sala se exponen copias de los bocetos de Hans Holbein el Joven —pintor oficial de la corte de los Tudor—, que representan a figuras destacadas de la época como Thomas Cromwell y Jane Seymour.
El techo abovedado, realizado en papel maché y yeso, se inspiró en el del vestidor de la reina en el Castillo de Windsor —una residencia real situada a las afueras de Londres—. Este detalle es especialmente significativo, ya que el original fue destruido en el gran incendio del castillo en 1992.
También destaca la ornamentada chimenea diseñada por Richard Bentley, basada en la tumba del arzobispo William Warham —uno de los consejeros de Enrique VIII— en la catedral de Canterbury.
La cámara azul cobalto de Horace Walpole conserva la cama con dosel original que heredó de su padre, sir Robert Walpole, fallecido en 1745. Las cortinas de chintz —un tipo de tejido estampado de origen indio muy popular en el siglo XVIII— fueron meticulosamente recreadas entre 2014 y 2019.
Sobre la chimenea cuelga un retrato de los padres de Horace, pintado por Eccardt y John Wootton hacia 1730. El marco tallado original —que Walpole atribuía al maestro ebanista Grinling Gibbons— procedía de otra obra anterior y fue reutilizado.
La réplica actual del marco, expuesta en Strawberry Hill House, se fabricó mediante impresión 3D con un material plástico a base de nailon —una innovadora técnica que combina conservación patrimonial y tecnología moderna—.
El armario verde era el lugar donde Walpole solía escribir sus cartas y libros, y hoy alberga una réplica de su antiguo escritorio. En la sala se conserva también un retrato de Horace a los diez años, pintado por el célebre artista William Hogarth —uno de los grandes maestros del arte británico del siglo XVIII, conocido por sus escenas satíricas de la sociedad londinense—.
El espacio actúa como antesala de la cámara verde contigua, que destaca por su impresionante dosel de terciopelo suspendido del techo, protegido actualmente por el English Heritage —la institución pública británica encargada de conservar el patrimonio histórico de Inglaterra—.
Sin duda, fue en ese escritorio donde Walpole escribió El castillo de Otranto, su influyente novela gótica inspirada en un sueño surrealista en el que una mano gigante con armadura se asomaba por la barandilla del rellano superior.
La atmósfera de la escena se intensifica con algunas piezas incorporadas posteriormente, entre ellas una armadura que —según Walpole— había pertenecido al rey Francisco I de Francia, colocada en un nicho construido expresamente en lo alto de la pared.
Como escribió el propio Horace: “Un pequeño esfuerzo de imaginación le dará toda la dignidad visionaria de la gigantesca mano con armadura que soñé ver en la balaustrada de la escalera de Otranto. Si esto no es hacer realidad los sueños, no sé qué lo es”.
Además de escribirse en esta casa, El castillo de Otranto también se imprimió aquí mismo. La Strawberry Hill Press, fundada por Horace Walpole en 1757, fue la primera imprenta privada de Inglaterra —un proyecto pionero que marcaría el inicio del coleccionismo tipográfico y la edición artesanal en el país—.
En la imagen puede verse un grabado del señor Kirgate, bibliotecario y jefe de imprenta de Walpole, quien ayudó a producir muchas de sus obras, entre ellas el volumen de 1784 Descripción de la villa del señor Horace Walpole, que ofrece valiosos detalles sobre la arquitectura y las colecciones de Strawberry Hill House.
Incluso durante la vida de Walpole, Strawberry Hill House era una atracción turística. Aunque Walpole se sintió algo abrumado por la atención que suscitaba la casa. Las visitas guiadas pasaron a ser tarea de su ama de llaves, limitadas a cuatro visitantes al día y con normas publicadas para su orientación, entre ellas la prohibición de entrar a los niños.
En una carta a su amigo George Montagu en septiembre de 1763, Walpole se quejaba: "Solo tengo un minuto para responder a tu carta, mi casa está llena de gente, y lo ha estado desde que desayuné, y siguen llegando más... Sigue mi consejo, nunca construyas una casa encantadora para ti entre Londres y Hampton Court, todos vivirán en ella menos tú".
Aunque no hay detalles específicos sobre qué miembros vinieron aquí durante su vida, Walpole mantuvo correspondencia con muchos miembros de la aristocracia británica y europea. Incluso recibió a miembros de la realeza.
Sus cartas, que ahora se pueden leer en los archivos en línea de la Universidad de Yale, revelan sus numerosas conexiones sociales con las altas esferas de la sociedad. Y años después de su muerte, la casa sigue abierta al público, con muchas menos restricciones, ¡por cierto!
Pero ¿qué pasó con Strawberry Hill House cuando Horace dejó de ser su propietario?
Tras la muerte de Horace Walpole en 1797, sin dejar herederos directos, la casa pasó a manos de Anne Seymour Damer —hija de su primo y destacada escultora británica del siglo XVIII, una de las pocas mujeres de su tiempo dedicadas profesionalmente a la escultura—. Damer vivió en Strawberry Hill House hasta 1811, cuando regresó a su residencia de Londres, y falleció en el barrio de Mayfair en 1828.
Posteriormente, la propiedad pasó a la sobrina nieta de Walpole, Elizabeth Waldegrave, y más tarde a su nieto John Waldegrave, que murió prematuramente.
Su hermano George, séptimo conde de Waldegrave, heredó entonces la casa, dando inicio a una etapa turbulenta en la historia de Strawberry Hill House…
La casa y su extraordinaria colección estuvieron a punto de desaparecer. Tras ser encarcelado por agredir a un policía mientras estaba ebrio en Kingston —una localidad al suroeste de Londres—, George Waldegrave permitió que la propiedad se deteriorara y, necesitado de dinero, organizó la gran venta de 1842. Durante una semana, las piezas reunidas por Horace Walpole fueron vendidas y dispersadas por todo el mundo.
En los últimos años, algunos de estos objetos han sido recuperados o cedidos temporalmente al Strawberry Hill House Trust —la fundación encargada de su conservación—, como esta pecera en la que encontró su final la gata de Walpole, Selima.
Sin embargo, una parte importante de la colección se conserva hoy en Estados Unidos, en la Lewis Walpole Library de la Universidad de Yale —la institución que custodia una de las mayores colecciones de manuscritos y objetos relacionados con Walpole—.
Gracias a los esfuerzos de lady Frances Waldegrave —que, curiosamente, se había casado con los dos hermanos, John y George Waldegrave—, la casa vivió un auténtico renacimiento.
George falleció repentinamente en 1846, dejando a Frances viuda por segunda vez. Sin embargo, sus posteriores matrimonios con el diputado liberal George Granville Vernon Harcourt y, más tarde, con Chichester Fortescue —un político irlandés en plena ascensión, que más tarde sería vizconde de Carlingford— consolidaron su fortuna y su posición en la alta sociedad victoriana.
Cuando le preguntaron en qué día de la semana se había casado por última vez, respondió con ironía su célebre frase: “Oh, querida, me he casado casi todos los días de la semana”.
Bajo el cuidado de lady Frances Waldegrave, Strawberry Hill House floreció como un animado centro social, donde se celebraban fastuosas veladas a las que asistían miembros de la realeza, intelectuales y destacados políticos —entre ellos el príncipe y la princesa de Gales, futuros Eduardo VII y Alejandra—.
Lady Waldegrave se convirtió en una figura clave de la vida política y cultural londinense, tan influyente que el ex primer ministro británico Benjamin Disraeli la describió como “la verdadera líder de la oposición”.
Entre 1860 y 1862, amplió la casa añadiendo una nueva ala y realizó notables mejoras interiores, incluida la instalación de un suelo de parqué de madera en la galería, importado de París —un símbolo del lujo y la sofisticación de la época victoriana—.
Casi una década después de la muerte de lady Waldegrave, en 1874, Strawberry Hill House fue adquirida por el barón Hermann de Stern —miembro de una destacada familia de banqueros alemanes establecidos en Londres— y su familia, quienes devolvieron a la villa su papel protagonista en la vida social y artística de la alta sociedad británica.
Cuando su hijo Herbert —en la imagen junto a su esposa Aimée Geraldine Bradshaw— fue elevado a la nobleza en 1905, recibió el título de barón Michelham de Hellingly, y los Stern pasaron a formar parte de la influyente élite anglojudía de la época eduardiana.
Lord y lady Michelham organizaron fastuosas fiestas en los jardines de la villa, a las que asistieron invitados ilustres como el príncipe de Gales —más tarde el rey Eduardo VII—, y en las que actuaron la bailarina rusa Anna Pavlova, el mimo Malcolm Scott e incluso un elefante.
La pareja llenó Strawberry Hill House con mobiliario de gran calidad y una valiosa colección de arte, pero con el estallido de la Primera Guerra Mundial, lord y lady Michelham se trasladaron a París.
Tras la muerte de lord Michelham en 1919, la casa fue vendida al Servicio de Educación Católica en 1923.
En 1925, el St Mary's University College —una institución católica de formación de profesores dirigida por los Padres Vicencianos, también conocidos como Lazaristas— adquirió la propiedad y la adaptó a sus nuevas funciones. Las reformas incluyeron la redecoración de los interiores y la conversión de la galería en un estudio para clases de arte.
A comienzos del siglo XXI, Strawberry Hill House se encontraba en un avanzado estado de deterioro y fue incluida por el World Monuments Fund —una organización internacional dedicada a la protección del patrimonio histórico— en la lista de los 100 sitios patrimoniales más amenazados del mundo.
Desde 2004, con la creación del Strawberry Hill House Trust, la casa ha sido restaurada con esmero para devolverle su aspecto original.
El proyecto se basó en una exhaustiva investigación —que incluyó diarios, bocetos y planos originales— y contó con la financiación de English Heritage —la institución pública británica encargada de la conservación de monumentos— y del Heritage Lottery Fund —fondo nacional del Reino Unido para la restauración de patrimonio cultural—.
El “pequeño castillo gótico” de Walpole volvió a la vida y reabrió sus puertas en octubre de 2010, tras una ambiciosa restauración valorada en 11,4 millones de dólares (10,5 millones de euros).
Hoy en día, los jardines de Strawberry Hill House —catalogados como de grado II, una clasificación patrimonial británica que protege los espacios de especial interés histórico o paisajístico— atraen a tantos visitantes como la propia casa, especialmente porque su acceso es gratuito.
Destaca el asiento de conchas de Horace Walpole, que originalmente se situaba en una esquina del jardín frente al río. Esta pieza se inspiró en la conquilomanía —una moda del siglo XVIII que desató entre los coleccionistas europeos una auténtica fiebre por las conchas marinas exóticas—.
La Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales —una de las grandes potencias comerciales de la época— comenzó a importar estas conchas a Europa, donde se exhibían en los gabinetes de curiosidades de los coleccionistas adinerados.
Aunque Strawberry Hill House se encuentra algo apartada, en el barrio londinense de Twickenham —una zona residencial al suroeste de la capital, lejos de los lugares turísticos más conocidos—, sigue atrayendo a numerosos visitantes gracias a su arquitectura única y su fascinante historia.
El museo organiza con frecuencia eventos especiales para mantener vivo el interés del público, entre ellos el Festival Anual de la Flor de Fresa, que se celebra en junio. Durante esos días, las habitaciones se llenan de espectaculares arreglos florales artísticos —como el que se muestra en la imagen—, un homenaje contemporáneo al espíritu romántico y exuberante de la casa original de Horace Walpole.
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