Joyas de la corona, cuadros de grandes maestros, extensos territorios… nada queda fuera de la mesa cuando las finanzas de una nación entran en crisis. Desde monarcas que vendieron tierras para costear guerras hasta gobiernos modernos que se han desprendido de parte de su patrimonio para cuadrar las cuentas, la historia está llena de ejemplos de países que sacaron provecho de sus activos más emblemáticos.
Sigue leyendo y descubre las extraordinarias cosas que las naciones han puesto a la venta para recaudar fondos… y las sorprendentes historias que se esconden tras estas operaciones millonarias.
Todas las cantidades están en dólares estadounidenses. Las cifras en euros son conversiones aproximadas que podrían cambiar.
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveMONEY.
En una de las transacciones inmobiliarias más importantes de todos los tiempos, Francia vendió más de 8.200 kilómetros cuadrados de territorio norteamericano a los EE.UU. en 1803 por solo 15 millones de dólares (13,8 millones de euros), lo que equivaldría a unos 388 millones de dólares (356 millones de euros) en la actualidad.
Napoleón Bonaparte necesitaba liquidez inmediata para financiar sus campañas militares en Europa y, con su atención puesta en el Viejo Continente, el extenso territorio de Luisiana —que se extendía desde el río Misisipi hasta las Montañas Rocosas— era una carga lejana de la que estaba más que dispuesto a desprenderse. La compra duplicó el tamaño de los jóvenes EE.UU. y sentó las bases para la expansión hacia el oeste.
EE.UU. consiguió otra ganga histórica en 1867, cuando adquirió Alaska al Imperio ruso por solo dos centavos el acre, lo que supuso un total de 7,2 millones de dólares (6,6 millones de euros), equivalentes a unos 154 millones de dólares (141 millones de euros) actuales. Convaleciente tras la costosa guerra de Crimea, el Imperio ruso necesitaba desesperadamente divisas fuertes y ya no podía defender su remoto enclave norteamericano.
El acuerdo, liderado por el secretario de Estado William Seward, fue ridiculizado en su momento como “la locura de Seward”. Sin embargo, las burlas se desvanecieron cuando en 1896 se descubrieron enormes yacimientos de oro, seguidos de vastas reservas de petróleo, convirtiendo así una de las operaciones más cuestionadas de la historia en una de las más rentables.
A mediados de 1870, Egipto atravesaba una grave crisis financiera bajo el mandato del jedive Ismail Pasha, que había acumulado una enorme deuda para financiar proyectos de modernización y costosas campañas militares.
Para evitar la quiebra, el país vendió el 44% de su participación en el Canal de Suez al Reino Unido por 4 millones de libras, equivalentes a unos 536 millones de dólares (492 millones de euros) actuales, mientras que Francia conservó la mayoría de las acciones. La operación no resolvió las dificultades económicas de Egipto, pero otorgó al Reino Unido una ventaja estratégica clave que allanó el camino para su ocupación del país en 1882.
Ese dominio británico se prolongó hasta la crisis de Suez de 1956, cuando Egipto recuperó el control total del canal, uno de los pasos marítimos más importantes del mundo.
La Tercera República Francesa, endeudada y temerosa de un resurgimiento monárquico, decidió en 1887 subastar casi toda su colección de joyas de la Corona. Entre las piezas más destacadas figuraban la tiara de la emperatriz Eugenia (en la imagen) y el célebre broche de perlas “La Régente”. Sin embargo, muchas otras fueron desmontadas y se vendieron por separado: unas 77.000 piedras y perlas sueltas salieron a subasta.
La operación recaudó más de 30 millones de dólares (27,5 millones de euros) en valor actual, aunque las gemas hoy valdrían mucho más. La joyería estadounidense Tiffany & Co. adquirió aproximadamente un tercio del lote. En un giro irónico de la historia, Tiffany forma parte ahora del conglomerado francés del lujo LVMH, aunque las joyas se almacenan sin especial pompa en un almacén de Nueva Jersey.
En 1917, Dinamarca vendió las Indias Occidentales danesas a los EE.UU. por 25 millones de dólares (22,9 millones de euros), el equivalente a unos 657 millones de dólares (603 millones de euros) actuales. Tras la transacción, el territorio fue rebautizado como Islas Vírgenes de los EE.UU., nombre con el que se conoce hoy.
Las islas habían supuesto una carga financiera para Dinamarca desde mediados del siglo XIX. Al mismo tiempo, los EE.UU. buscaban asegurar una base naval estratégica en el Caribe, por lo que la venta fue vista como una decisión pragmática y beneficiosa para ambas partes.
Tras la Revolución de 1917 en Rusia, los bolcheviques asesinaron a la familia real Romanov y se apoderaron de sus joyas imperiales. Aunque algunos objetos fueron sacados de contrabando por familiares, la mayoría acabó en manos soviéticas y pasó a formar parte del llamado Fondo de Diamantes.
En plena bancarrota, los soviéticos vendieron más del 70% de la colección de 773 piezas a finales de los años 20 y principios de los 30, llegando incluso a saldar una deuda con Polonia mediante piedras preciosas. La corona nupcial imperial, varias diademas reales, las joyas de Catalina la Grande y otros tesoros fueron cedidos a compradores occidentales por cantidades irrisorias, aunque hoy estarían valorados en miles de millones de dólares.
Entre los tesoros reales confiscados por los bolcheviques se encontraban unos 40 de los 50 huevos imperiales de Fabergé, unas exquisitas joyas de Pascua encargadas por los zares Alejandro III y Nicolás II para sus esposas y madres.
Durante los años 20 y 30, los soviéticos malvendieron al menos 14 de ellos a coleccionistas occidentales, incluido el Tercer Huevo Imperial, que cambió de manos por última vez en 2014 por un valor estimado de 33 millones de dólares (30,3 millones de euros), unos 45 millones de dólares (41,3 millones de euros) en 2025. En la actualidad se conservan 44 huevos imperiales; de los seis perdidos, tres desaparecieron tras la confiscación soviética y su paradero sigue siendo un misterio fascinante.
Además de desprenderse de las joyas de los Romanov y de los huevos imperiales de Fabergé, la Unión Soviética liquidó más de 250 pinturas de maestros antiguos de valor incalculable pertenecientes al Museo Hermitage de San Petersburgo a finales de los años 20 y principios de los 30.
Obras maestras de Rafael, Van Eyck, Rembrandt, Tiziano y otros grandes nombres fueron vendidas para conseguir las divisas necesarias con las que financiar el primer Plan Quinquenal soviético y pagar la deuda externa. Mientras algunas piezas se subastaron por cantidades irrisorias, otras alcanzaron precios récord para la época.
La pintura más valiosa vendida durante la liquidación del Hermitage fue la Madonna Alba, de Rafael. Esta obra maestra del Renacimiento fue adquirida por el financiero estadounidense Andrew Mellon en 1931 por 1.166.400 dólares (1.070.092 euros), unos 25 millones de dólares (22,9 millones de euros) ajustados a la inflación, convirtiéndose en el precio más alto pagado por un cuadro en aquella época.
Más tarde, Mellon donó la obra a la Galería Nacional de Arte de Washington D. C., donde sigue siendo una de las piezas más preciadas de la institución.
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La Madonna Alba no fue la única obra maestra de Rafael vendida por un gobierno endeudado. En 1648, durante la Guerra Civil Inglesa, el rey Carlos I fue decapitado y se confiscaron sus bienes, incluida su extraordinaria colección de arte. La Commonwealth puso en venta más de 1.000 piezas, entre ellas obras de Van Dyck, Tiziano y Rafael.
La Sagrada Familia de Rafael fue considerada la más valiosa. Se vendió por 2.000 libras (2.300 euros), el equivalente a varios millones actuales, mientras que un Rembrandt llegó a cambiar de manos por apenas 6 libras (6,8 euros). Adquirida por un coleccionista español, la pintura pasó después a Felipe IV, quien la bautizó como La Perla por considerarla la joya de su colección. Hoy forma parte de las piezas más destacadas del Museo del Prado en Madrid.
Descubierto en la India en el siglo XVII y en su día parte de las joyas de la Corona francesa, el legendario diamante Hope desapareció durante la Revolución Francesa y reapareció más tarde en Gran Bretaña, donde, según se dice, fue adquirido por el rey Jorge IV.
Tras su muerte en 1830, la gema azul de 45 quilates se vendió para ayudar a saldar sus cuantiosas deudas. Aunque técnicamente se trató de una venta privada, las finanzas del monarca estaban profundamente entrelazadas con las del Estado.
Hoy está valorado en unos 350 millones de dólares (321 millones de euros) y se conserva en el Museo Nacional de Historia Natural Smithsonian, en Washington D. C. La piedra es célebre no solo por su belleza, sino también por la supuesta maldición que la rodea: a lo largo de los siglos se le ha culpado de desgracias que incluyeron quiebras y muertes violentas de varios de sus propietarios.
En 2001, el Gobierno australiano privatizó el emblemático edificio de la Oficina General de Correos de Melbourne, de época victoriana, mediante un contrato de arrendamiento a promotores privados. Aunque la propiedad del inmueble permaneció en manos públicas, el control y la gestión se transfirieron a ISPT, un importante fondo de inversión inmobiliaria australiano, que lo transformó en un complejo comercial y gastronómico.
Con la cadena sueca H&M como inquilino principal, el proyecto —concluido en 2004— ejemplifica la tendencia de muchos Gobiernos a arrendar activos patrimoniales para obtener liquidez en lugar de venderlos de forma definitiva.
Impulsada por el auge de la minería del fosfato, la pequeña nación insular de Nauru, en el Pacífico, se lanzó a una frenética actividad inmobiliaria internacional en los años setenta. Su mayor orgullo era Nauru House, un rascacielos construido en Melbourne en 1977 que llegó a ser el edificio más alto de la ciudad.
Pero en la década del 2000, el boom minero había llegado a su fin, dejando al país en una situación financiera crítica y con un grave desastre ecológico en ciernes. Para hacer frente a su deuda creciente, Nauru vendió el rascacielos a Queensland Development Corporation en 2005 por el equivalente a 196 millones de dólares (180 millones de euros) actuales, tras lo cual el edificio fue renovado.
Al igual que ocurrió con la histórica Oficina de Correos de Melbourne, el Gobierno de EE.UU. vendió en 2012 los derechos de explotación de la antigua oficina de correos de Washington D. C. La Trump Organization obtuvo un contrato de arrendamiento de 60 años tras comprometerse a invertir 200 millones de dólares (183 millones de euros) en su renovación. El edificio reabrió en 2016 convertido en el Trump International Hotel.
En 2022, la compañía vendió el contrato de arrendamiento al grupo inversor CGI Merchant Group por 375 millones de dólares (344 millones de euros), en una operación muy lucrativa. Tras la venta, el establecimiento pasó a llamarse Waldorf Astoria, una de las marcas hoteleras de lujo más reconocidas del mundo.
En 2012, el Reino Unido decidió arrendar el Admiralty Arch, la monumental puerta de la época eduardiana que conecta The Mall con Trafalgar Square, por 60 millones de libras, unos 115 millones de dólares (106 millones de euros) en valor de 2025. La medida formaba parte de una iniciativa del Gobierno británico para reducir gastos.
El emblemático edificio se encuentra en plena transformación para convertirse en el primer hotel Waldorf Astoria de Londres, cuya inauguración está prevista para 2026. Como en el caso de la antigua oficina de correos de Washington D. C., el contrato de arrendamiento transfiere la gestión diaria, pero mantiene al Gobierno como propietario último del inmueble.
Otro edificio emblemático de la época eduardiana en Londres, el Old War Office de Whitehall, fue el centro neurálgico de las operaciones británicas durante las dos guerras mundiales. Declarado excedente para las necesidades del Ministerio de Defensa, el vasto inmueble —con 1.001 habitaciones y más de 3 kilómetros de pasillos— se vendió en 2016 mediante un contrato de arrendamiento de 250 años por más de 350 millones de libras, unos 645 millones de dólares (592 millones de euros) actuales.
Tras una espectacular renovación valorada en 1.800 millones de dólares (1.600 millones de euros), el Old War Office reabrió sus puertas en 2023 convertido en el exclusivo Raffles London, con hotel y residencias de lujo. Entre lo más llamativo se encuentra la antigua oficina de Winston Churchill, ahora transformada en una suite que cuesta 34.000 dólares (31.193 euros) por noche.
En 2014, Francia decidió desprenderse de su elegante dúplex en Park Avenue, la residencia oficial de su embajador ante la ONU. El inmueble, con 18 habitaciones y vistas espectaculares a Central Park, salió al mercado como parte de un plan gubernamental para recortar gastos. Finalmente se vendió por la asombrosa cifra de 70 millones de dólares (64,2 millones de euros), el equivalente a unos 95 millones de dólares (87,2 millones de euros) actuales, muy por encima del precio inicial de venta.
¿El comprador? Israel Englander, multimillonario magnate de los fondos de cobertura y fundador de Millennium Partners. Y no se trataba solo de una inversión: según se informa, adquirió la propiedad para que sus hijos la usaran como un elegante pied-à-terre en la Gran Manzana.
El puerto del Pireo, el más grande de Grecia y principal centro marítimo del país durante más de 2.500 años, pasó a manos de la empresa china Cosco en 2016. Aquel año, en plena crisis de deuda, el Gobierno griego se vio obligado a vender una participación mayoritaria del 51% en el histórico puerto, porcentaje que la compañía ha ampliado desde entonces hasta el 67%.
El acuerdo inyectó cientos de millones de euros en las arcas del Estado y permitió modernizar las instalaciones, hasta convertir el Pireo en el mayor puerto del Mediterráneo oriental. Sin embargo, mientras algunos lo ven como un éxito económico, otros consideran que ha dejado a Grecia expuesta a la influencia de una potencia extranjera con intereses estratégicos.
En 2018, Seychelles lanzó una iniciativa pionera al emitir el primer “bono azul soberano” del mundo, con el que recaudó 21 millones de dólares (19,3 millones de euros o unos 24,8 millones de euros actuales) mediante la venta de derechos de conservación de sus aguas oceánicas.
Los fondos se destinaron tanto a reducir la deuda nacional como a financiar la creación de áreas marinas protegidas, salvaguardando así enormes extensiones del océano Índico. Esta innovadora operación permitió a la pequeña nación insular aliviar sus presiones financieras y, al mismo tiempo, dar un paso histórico en la conservación de los océanos.
En 2023, el Gobierno egipcio vendió siete hoteles históricos, entre ellos el Marriott Mena House, situado junto a las pirámides de Guiza, y el Sofitel Winter Palace, en Luxor, como parte de una iniciativa para hacer frente a su creciente crisis de deuda.
El acuerdo, valorado en 800 millones de dólares (734 millones de euros), supuso la entrada del grupo Talaat Moustafa —el mayor promotor inmobiliario de Egipto, respaldado por inversores de Emiratos Árabes Unidos— en la propiedad de estos icónicos inmuebles.
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