Se dice que fue la inspiración del icónico personaje J. R. Ewing en la exitosa serie de televisión Dallas de los años 80. Según se informa, el magnate del petróleo H. L. Hunt era el hombre más rico del mundo en el momento de su muerte, en 1974. También fue el patriarca de una dinastía comparable a la de los Getty o los Rockefeller.
Hunt, un hombre implacable y arriesgado, con un agudo sentido de los negocios, era también un excéntrico y mujeriego bígamo con opiniones políticas de extrema derecha.
Sigue leyendo para conocer la controvertida vida de este magnate y descubrir cómo apostó y especuló hasta levantar una de las mayores fortunas de su tiempo.
Todas las cantidades están en dólares estadounidenses. Las cifras en euros son conversiones aproximadas que podrían cambiar.
Adaptado al español por Ana Niño, Redactora en español para loveMONEY.
Haroldson Lafayette Hunt Jr., el menor de ocho hermanos, nació el 17 de febrero de 1889 cerca de Ramsey, Illinois, en EE.UU.
Su padre (en la imagen), de quien heredó el nombre, había luchado en el bando confederado durante la Guerra Civil estadounidense. Tras la derrota del Sur, se trasladó al norte desde Arkansas para escapar de los estragos de la era de la Reconstrucción y acabó estableciendo una granja en el estado de las praderas.
Hunt Jr. comenzó a trabajar en la granja familiar a una edad temprana y solo alcanzó el quinto grado de educación, a pesar de que aprendió a leer a los tres años y era una especie de prodigio de las matemáticas.
A los 15 años, el emprendedor en ciernes se marchó de casa y trabajó como peón agrícola, leñador, vaquero y arriero en granjas y ranchos de EE.UU. y Canadá.
Dotado de una gran habilidad para los números y una memoria fotográfica, Hunt pasó muchas tardes jugando a las cartas con sus hermanos. Aprovechó sus habilidades durante sus viajes y se ganó una feroz reputación como el "Arkansas Slim", un jugador de póquer capaz de burlar incluso a los oponentes más formidables.
A pesar de no tener educación formal, Hunt utilizó parte de sus ganancias en el póquer para matricularse en la Universidad de Valparaíso, en Indiana, en 1906 y, para su sorpresa, fue aceptado. Sin embargo, tras un grave episodio de amigdalitis, abandonó los estudios durante el segundo semestre y nunca regresó.
Con el tiempo, llegó a ver su falta de formación académica como una ventaja, ya que consideraba que la escuela era una “barrera” para ganar dinero.
El padre de Hunt murió en 1911, dejando a su hijo de 22 años 5.000 dólares (4.587 euros), lo que equivale a unos 149.000 dólares actuales (136.697 euros). Tras el entierro, Hunt tomó su herencia y se dirigió al sur, donde compró una plantación de algodón cerca de Lake Village, Arkansas.
Ansioso por hacer fortuna, empezó a dedicarse al comercio del algodón en 1914. Ese mismo año se casó con su primera esposa, Lyda Bunker. En 1915 nació su primera hija, Margaret, y en 1917 llegó su primer hijo, Haroldson “Hassie” Hunt III.
Además de comerciar con algodón, Hunt (en la foto, 1916) compró más tierras y empezó a invertir en contratos de futuros de algodón, llegando a amasar unos 200.000 dólares. Sin embargo, su exceso de confianza pronto le pasó factura y, en 1920, quedó prácticamente arruinado tras apostar por la caída de los precios del algodón, que en realidad se dispararon antes de volver a desplomarse.
Al año siguiente, Hunt escuchó a algunos socios comerciales hablar con entusiasmo sobre un descubrimiento de petróleo en El Dorado, Arkansas, un polvoriento asentamiento a unos 144 kilómetros al oeste de Lake Village. Intrigado, pidió prestados 50 dólares (42,8 euros) a un banco local, convenció a tres amigos para que le avalaran el préstamo y llenó su coche Dodge para dirigirse a la floreciente ciudad.
Las habilidades de Hunt como jugador de póquer le resultaron muy útiles: logró salvar la plantación familiar y convertir 100 dólares (91,7 euros) en 10.200 dólares (9.358 euros) en una sola noche de cartas en el Hotel Grunewald de Nueva Orleans. Se encontraba en la ciudad con su hija Margaret, que debía someterse a una operación de amigdalitis.
Hunt utilizó aquellas ganancias para entrar en el negocio de las concesiones petroleras y, en 1922, ya contaba con ocho pozos en funcionamiento.
La tercera hija de Hunt, Caroline, nació en 1923. Para entonces, sus propiedades petroleras habían crecido rápidamente hasta alcanzar los 44 pozos. En 1924 vendió la mitad de sus participaciones en 40 de ellos a Standard Oil —la mayor compañía petrolera de EE.UU. en aquel momento, fundada por John D. Rockefeller—, embolsándose 600.000 dólares (550.459 euros), el equivalente a 9,9 millones de dólares actuales (9,1 millones de euros).
Invirtió en el yacimiento Urania, en Luisiana y el oeste de Texas. Pero el negocio del petróleo era muy arriesgado, y Hunt pasó de ser millonario a estar en la ruina de la noche a la mañana. En 1925 nació Lyda, su cuarta hija, que lamentablemente falleció pocas semanas después.
Desconcertado por la imprevisibilidad de la industria petrolera, Hunt decidió tomarse un descanso del negocio en 1925 y se trasladó a Tampa, Florida, para aprovechar el auge inmobiliario que se estaba produciendo en el Estado del Sol.
Allí conoció y se enamoró de Frania Tye, de 21 años, que trabajaba en el sector inmobiliario. A pesar de que ya estaba casado con Lyda, el magnate del petróleo convertido en agente inmobiliario adoptó el nombre de Major Franklin Hunt y le pidió matrimonio. Frania aceptó.
Aunque las pruebas son, en el mejor de los casos, escasas, la supuesta unión bigámica de Hunt tuvo lugar en Tampa en noviembre de 1925, donde firmó el certificado de matrimonio con un nombre falso.
La pareja se mudó a Shreveport, Luisiana, y en 1926 Frania dio a luz a su primer hijo, Howard. Ese mismo año nació Nelson, el segundo hijo de Hunt con Lyda. En total, Hunt y Frania llegarían a tener cuatro hijos juntos.
Hunt pronto se cansó del sector inmobiliario y en 1926 regresó a la perforación petrolera. A finales de la década ya contaba con 100 pozos en Luisiana y otras zonas del sur, y además había dado la bienvenida a su sexto hijo con Lyda, William Herbert.
El golpe maestro del astuto empresario llegó en 1930, cuando tomó el control del yacimiento East Texas Oil Field, descrito como “el mayor negocio petrolero de la historia”. Con 69 kilómetros de largo y unos 14 de ancho, el periodista Tom Buckley lo llamaba “un lago subterráneo de petróleo”.
El yacimiento fue descubierto por el legendario prospector Columbus Marion “Dad” Joiner. Sin embargo, el veterano perforador carecía del capital necesario para explotarlo y no podía hipotecar sus títulos de propiedad.
Hunt supo aprovechar la oportunidad: negoció duramente con Joiner en el Hotel Adolphus de Dallas, mientras compartían queso y galletas, y consiguió hacerse con los derechos sobre el yacimiento. En la foto aparece Joiner (sexto por la izquierda) y Hunt (tercero por la derecha).
Joiner recibió 30.000 dólares (27.523 euros) en efectivo y 45.000 dólares (41.284 euros) en pagarés a corto plazo, además de la promesa de una participación de 1,2 millones de dólares (1,1 millones de euros) en la producción futura. Hunt, por su parte, desembolsó 20.000 dólares (18.349 euros) adicionales y ofreció una garantía de 50.000 dólares (45.872 euros) para asegurarse el control del pozo descubierto, apodado “Daisy Bradford n.º 3”. También aceptó proteger a Joiner frente a cualquier demanda sobre la propiedad.
En 1932, cuando nació Lamar, el séptimo y último hijo de Hunt con Lyda, el magnate ya tenía en producción 900 pozos.
Mientras la Gran Depresión mantuvo bajos los precios del petróleo, las cosas cambiaron en 1935, después de que el Gobierno de EE.UU. aprobó la Ley Connally Hot Oil, que limitaba la producción y aumentaba el precio de mercado de esta materia prima. Así, la fortuna de Hunt se multiplicó en la segunda mitad de la década.
Pero no todo fue un camino de rosas. En 1934, poco antes del nacimiento de su cuarto hijo, Frania descubrió la verdadera identidad de su marido. También descubrió que tenía otra esposa y fue enviada rápidamente a Nueva York con sus hijos.
En 1935, Hunt creó fideicomisos para sus seis hijos supervivientes con Lyda. Tres años más tarde adquirió una lujosa mansión de estilo colonial junto al lago White Rock, en Dallas, inspirada en la residencia de George Washington en Mount Vernon.
A principios de los años cuarenta, Hunt se había convertido en el mayor operador petrolero independiente del mundo y llegó a poseer más reservas que todos los países del Eje de la Segunda Guerra Mundial juntos.
En 1942, a Hassie, su hijo mayor, le diagnosticaron esquizofrenia. Fue sometido a brutales tratamientos de electrochoques y, finalmente, a una lobotomía prefrontal que le arrebató su personalidad vivaz y le hizo depender de cuidadores hasta su muerte en 2005.
También en 1942, Frania amenazó con demandar a Hunt por haber contraído matrimonio bigámico. Finalmente, Hunt llegó a un acuerdo extrajudicial, pagándole una importante suma de dinero y creando fideicomisos para cada uno de sus cuatro hijos, a cambio de que ella firmara una declaración en la que negaba que hubieran estado casados.
Por esa época, Frania se casó con John Lee, un antiguo empleado de Hunt, y los niños pasaron a llevar su apellido.
Mientras tanto, Hunt se había ido a vivir con su secretaria, Ruth Ray, con quien tuvo cuatro hijos, el primero de ellos nacido en 1943.
Ruth y los niños se convirtieron en la llamada “segunda familia” de Hunt, mientras que Frania y sus hijos fueron conocidos simplemente como “los Lee”. Tras la muerte de Lyda en 1955, Hunt acabaría casándose con Ruth; aquí aparecen en su boda en 1957.
En 1948, la revista Life —una de las publicaciones más influyentes de la época en fotografía y reportajes— declaró a Hunt el hombre más rico de EE.UU., con una fortuna estimada en 600 millones de dólares (550 millones de euros), el equivalente a unos 7.000 millones de dólares actuales (6.400 millones de euros).
En ese momento, el magnate del petróleo presidía un vasto imperio que generaba un millón de dólares de beneficios semanales, con tres empresas petroleras, una enorme refinería y una cadena de 300 gasolineras. También era propietario de una compañía alimentaria que controlaba desde la producción hasta la distribución y comercialización de productos comestibles.
A principios de los años 50, Hunt se diversificó hacia los medios de comunicación. Comenzó con un programa de radio bajo la marca Facts Forum, que pronto se expandió a otras plataformas mediáticas. Aunque se presentaba como un espacio objetivo y equilibrado, en realidad defendía una línea claramente ultraconservadora.
En 1958, Hunt creó otra entidad, la Life Lines Foundation, que publicaba un periódico llamado Lifelines. El diario dejó de circular en 1975, un año después de la muerte de Hunt. La fundación también contaba con una división de radio, y sus emisiones del programa Lifeline se difundían en varios cientos de emisoras. Estas organizaciones propagaban las creencias anticomunistas y de extrema derecha de Hunt.
Despreciando a los pobres, Hunt se opuso vehementemente a toda forma de caridad y filantropía, adoptando la opinión de que las limosnas desmotivaban a los menos afortunados y les robaban su autoestima. Incluso se le cita confesando en un momento dado que estaba "más interesado en la adquisición de riqueza que en su distribución".
Además de ser tacaño con los necesitados, Hunt también gastaba muy poco en sí mismo.
A pesar de su enorme riqueza, el frugal magnate del petróleo conducía un coche destartalado que aparcaba a varias manzanas de su austera oficina para ahorrarse 50 centavos en el aparcamiento. También vestía trajes baratos y raídos, se cortaba el pelo él mismo y se llevaba el almuerzo al trabajo todos los días en una bolsa de papel.
En 1952, Hunt fue nombrado la persona más rica del mundo, superando al nizam de Hyderabad —título del último monarca del estado de Hyderabad, en la India, célebre por su inmensa fortuna— (en la imagen).
En 1957, la revista Fortune —especializada en economía y negocios— estimaba que la fortuna de Hunt oscilaba entre 400 millones de dólares (367 millones de euros) y 700 millones de dólares (642 millones de euros), lo que equivaldría hoy a entre 4.000 y 7.000 millones de dólares (3.670 y 6.420 millones de euros).
Hacia finales de la década, el multimillonario fue superado por John Paul Getty, quien comentó modestamente: “En términos de riqueza extraordinaria e independiente, solo hay un hombre: H. L. Hunt”.
En 1960, Hunt publicó Alpaca, una novela utópica en la que exponía su visión de una sociedad perfecta. En el libro, Hunt describe una sociedad antidemocrática, en la que la élite tiene más oportunidades de votar que los ciudadanos de a pie, el discurso político está prohibido en la televisión y los impuestos son extremadamente bajos.
A lo largo de los años sesenta, Hunt respaldó la fallida candidatura presidencial del senador republicano Barry Goldwater, a pesar de estar registrado oficialmente como demócrata. Continuó apoyando al Grand Old Party —nombre con el que se conoce al Partido Republicano en EE.UU.— hasta el día de su muerte.
En sus últimos años, se volvió cada vez más excéntrico. Convencido de que podría vivir al menos hasta los 150 años, adoptó un régimen de ejercicio y una dieta estricta y saludable como ningún otro.
Además de evitar el azúcar refinado y el pan blanco, Hunt seguía una dieta crudívora basada en verduras, frutas y frutos secos, y solía comer en una mesa cubierta con hojas de periódicos viejos.
También se aficionó al yoga e inventó un curioso ejercicio de gateo, cuyas virtudes elogiaba en cada ocasión. El entrenamiento consistía en que el multimillonario se moviera literalmente a cuatro patas por su casa o su oficina.
Hunt también se obsesionó con la planta de aloe vera después de leer sobre ella en la Biblia, y fue fundamental para popularizar su uso en EE.UU. como ingrediente para el cuidado de la piel.
En 1968, fundó una empresa de cosméticos llamada HLH Aloe Vera y lanzó una línea de productos que contenían gel de aloe vera cosechado de plantas cultivadas en sus propias plantaciones de Florida. Se sabe que promocionó sus productos en las ferias estatales de Texas y Luisiana.
Hunt trabajaba seis días a la semana, a veces incluso siete, y nunca llegó a jubilarse. A pesar de su vigor, su dieta saludable y su estricto régimen de ejercicio, el multimillonario magnate del petróleo murió el 29 de noviembre de 1974 a los 85 años.
Su hijo menor, Ray Lee Hunt, asumió entonces el control de Hunt Oil Co., la principal empresa petrolera de su padre. En la actualidad, Ray preside Hunt Consolidated, el conglomerado que agrupa los diversos negocios de la familia en los sectores del petróleo, el gas, los bienes inmuebles y otros ámbitos.
Nelson Bunker Hunt (en la foto, a la derecha), segundo hijo de Hunt con Lyda, desempeñó un papel clave en el descubrimiento y desarrollo de yacimientos petrolíferos en Libia durante los años 50 y 60. Sin embargo, en 1973 sus propiedades fueron nacionalizadas por el dictador Muamar el Gadafi.
Junto a sus hermanos William Herbert (izquierda) y Lamar (segundo por la izquierda), también fue un apasionado de los deportes y criador de caballos de pura sangre. Lamar, en particular, se convirtió en un destacado patrocinador deportivo y pasó a la historia por acuñar el término “Super Bowl” para referirse a la final de la temporada de fútbol americano.
En un momento dado, Nelson fue considerado la persona más rica del mundo. Tras la confiscación de sus propiedades en Libia, buscó una inversión segura y se decantó por la plata. Junto con William Herbert y, en menor medida, Lamar, el descendiente de Hunt acabó poseyendo alrededor de dos tercios de toda la plata privada del mundo.
En 1979, Nelson colaboró con compradores saudíes para subir el precio de la materia prima. Estaba en la cima hasta que el precio del metal precioso se desplomó drásticamente el 27 de marzo de 1980, lo que pasaría a la historia como el "Jueves de Plata". Ese día, la Bolsa de Materias Primas de Nueva York impuso restricciones al mercado en respuesta al acaparamiento de las acciones por parte de los hermanos Hunt.
Nelson y William Herbert acabaron perdiendo miles de millones. Ambos hermanos se declararon en quiebra y tuvieron el dudoso honor de protagonizar las mayores bancarrotas personales de la historia de Texas. Además, fueron multados con 10 millones de dólares (9,2 millones de euros) cada uno por manipular el precio de la plata y se les prohibió volver a operar en los mercados de materias primas.
A pesar de esta debacle, la familia Hunt sigue siendo hoy uno de los clanes más ricos de EE.UU.
En 2020, la revista Forbes —especializada en economía y negocios— estimó la fortuna conjunta de los Hunt en 15.500 millones de dólares (14.200 millones de euros), lo que situaba a la familia en el puesto 18 de las más ricas de EE.UU.
Su cartera empresarial abarca desde las compañías energéticas Hunt Oil y Petro-Hunt hasta el sector inmobiliario y equipos deportivos, entre los que destaca el Kansas City Chiefs de la NFL. Entre sus antiguas participaciones figuran Hunt Petroleum y Rosewood Hotels & Resorts. Esta última fue fundada por la segunda hija de Hunt, Caroline, en 1979, y vendida a New World Hospitality de Hong Kong en 2011 por 229,5 millones de dólares (211 millones de euros).
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